miércoles, 30 de noviembre de 2016

El amor nos mata, a la vez que nos sana.

¿Tu sabes lo que le pasa a los periquitos, cuando se les separa de su pareja?
El primer día dejan de cantar. El segundo dejan de comer. Y después al tercer o cuarto día se mueren de pena.
¿Sabes por qué? Porque nacen para estar juntos.
Hace unos días escuché eso por ahí, y no se porqué, sentí que hablaba de mi o quizá lo que más bien sucedió fue que me ví reflejada en esas palabras.

¿Tu sabes lo que me pasó a mí, cuando me separaste de tí?
El primer día, por llamarlo de alguna forma, fue un constante "se fuerte y ya lloraras cuando llegues a casa" y no tenia ni la más remota idea de como me seguían quedando lagrimas, si me había pasado la noche en vela, queriendo entender el porqué, de tu despedida injustificada.
El segundo día fue cuando empecé a notar más tu ausencia, empecé a echarte de menos y no sé por que, una parte de mi simplemente quería pensar que a ti te pasaba lo mismo y que eso te haría volver.
El tercer día comencé a esperar un mensaje que creía que podía llegar, aunque fuese un estúpido "hola", que da comienzo a algo mejor.
Pero no hubo ni un simple, "te echo de menos" o un, "la he fastidiado, lo siento".

No sé qué he hecho al pensar que estaría mejor sin ti.
Pero a día de hoy, ese es un mensaje que aún no ha llegado.

Una semana más tarde, acepté que las cosas se acaban, que nada es para siempre y menos aquello que prometes. No sé porqué, pero siempre es lo que antes termina.
Entendí, que nuestro momento ya había pasado y no podía hacer nada más.
Sólo me quedaba dar un paso, y otro y otro, y así hasta saber caminar por mi propio pie, sabiendo que si me giraba, no ibas a estar tú ahí mirándome.

Comprendí que por muchas lágrimas que soltara, tu ya no estarías aquí...
Cuando pasó el primer mes, sentía que podía, que quizá no era tan difícil como otras veces había sido, pero aún así no me faltaban los días en los que te echaba de menos.
Esos días en los que lo único que me apetecía, era un buen abrazo tuyo, y unas palabras que me calmasen diciéndome que todo acabaría estando bien.


Empecé a rehacer mi vida.
A salir, a divertirme, volver a sonreír o al menos intentarlo, pero siempre al final del día me terminaba acordando de ti.
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